sábado, 9 de junio de 2012

CAPÍTULO 23 Mags

Un golpeteo sordo me obliga a abrir los ojos, miro a mi alrededor extrañada, en busca de la causa del ruido, estoy sola y no parece haber nada fuera de lugar. Me froto los ojos y me aparto el pelo de la cara. Vuelvo a escuchar el golpeteo. Me levanto perezosamente de la cama y me dirijo a la puerta, pero antes de salir de la habitación, me giro para coger la camisa de River que siempre me acompaña allá dónde vaya. Ya no tiene su olor, pero el simple roce de la tela sobre mi piel me reconforta, como una caricia invisible. Bajo los escalones mientras me la abotono, se oye de nuevo el golpeteo y abro la puerta de la entrada. La luz solar me ciega, alzo la mano para hacer pantalla y retrocedo un par de pasos. En la penumbra de mi hogar, veo a Dora Russet esperando en el porche. Le hago un gesto con la mano invitándola a entrar y ella da un paso adelante.

- Siento el recibimiento. - mi voz suena aspera y dura. Llevo demasiado tiempo encerrada sin hablar con nadie.

- No te preocupes. - dice en tono dulce.

- Pasa, no te quedes ahí. - le digo echando a andar. - ¿Te apetece un té?.- le pregunto desde la cocina.

- Sí, claro. - contesta a mis espaldas.

Saco la tetera plateada del armario y me dirijo a la despensa a por el té. Al abrir la puerta un fuerte olor me golpea la nariz. Llevo mucho tiempo sin salir y las pocas mis existencias escasean. Me giro para encararla.

- Lo siento, pero no me queda té. - digo avergonzada.

Las dos miramos a nuestro alrededor. La casa esta en pésimas condiciones, si no fuera, porque se que es mía, diría que está abandonada. El polvo abunda por doquier, hay vasos y platos sucios escampados por la cocina y las arañas, parecen acampar a sus anchas entretejiendo sus complicadas telas allá dónde les place. Avergonzada, agacho la cabeza.

- Toma. - levanto un poco la cabeza y veo que me ofrece algo.

Son unas bolsitas de té. Al ver que no me muevo del sitio, se acerca y empieza a llenar la tetera de agua y la pone al fuego. Cuando se gira para fregar las tazas, la tomo del brazo y negando con la cabeza, doy un paso al frente y las limpio yo misma. Ella limpia un poco la mesa, para quitarle el polvo que la cubre y cuando el agua hierve, nos sentamos una frente la otra. Pasamos varios minutos sin hablar, ella me mira fijamente y yo lo hago de vez de cuando, mientras doy pequeños sorbos a la humeante taza. Dora se aclara la garganta, da un sorbo y dejando de nuevo la taza sobre la mesa empieza por fin a hablar.

- Gracias.

- Soy yo la que debería dártelas a ti, al fin y al cabo, el té lo has traído tú. - digo intentado bromear aunque sin el tono adecuado de voz.

- Sabes que no me refería a esto. - dice señalando la taza.

- Lo sé. digo asintiendo.

- Perder un hijo es muy duro. - dice,siento una punzada de dolor que intento disimular bebiendo. - Cuando el distrito eligió a Sarah para participar en los juegos, creí que no podría soportarlo. Perderla a ella también. - dice estremeciéndose. - Pero conseguiste traerla de vuelta y te estaré eternamente agradecida por ello.

- Yo no hice nada. - mi voz ahora suena floja y sin vida.

Nos volvemos a mirar largo rato, apenas apartamos la mirada de la otra, empiezo a cansarme de esto, estoy cansada y quiero volver a la cama. Ella parece leer mi pensamiento, porque se levanta.

- Pareces agotada. Deberías darte una ducha antes que vengan todos.

- ¿Que? - pregunto confundida.

- A mediodía vendrán a buscaros para la Gira de la Victoria. - me dice extrañada. - ¿No te acordabas?

Niego con la cabeza mientras mi cuerpo entra en tensión. La acompaño a la puerta y la cierro tras de si. Subo las escaleras corriendo y me encierro en la habitación. Me apoyo en la puerta y me deslizo por ella hasta quedar sentada en el suelo. Me cuesta respirar y el corazón me va desbocado, las manos me sudan y estoy mareada. Intento relajarme respirando lentamente por la nariz, pero me cuesta calmarme. Pasado un rato que se me hace eterno, mi respiración vuelve a ser más o menos normal. Me levanto con dificultad y me meto en el baño, me quito la camisa y la cuelgo tras la puerta, me despojo de las pocas ropas que me quedan y me meto en la bañera. Dejo que el agua resbale por mi cuerpo, eliminando todo resto de tensión y suciedad. Cierro el agua cuando empieza a salir fría y salgo de la bañera. No me seco, salgo chorreando y empapando todo a mi paso, me acerco a la ventana y aparto las bastas cortinas para que entre la luz del día. Me siento mojada sobre la cama y dejo que sol ardiente seque mi piel lentamente. Llaman de nuevo a la puerta, me levanto lentamente, me pongo ropa interior y la raída camisa. Bajo las escaleras con parsimonia y al abrirla me encuentro de frente con Drew.

- Venía a ver si estabas lista, pronto saldremos. - dice, entrando y dándome un cálido abrazo.

Me mira de arriba a abajo y la pillo mirando de reojo a la casa. Me pasa una brazo por los hombros y subimos de nuevo las escaleras. Entramos a la habitación y lo primero que hace es abrir de par en par la ventana. Se gira y abre el armario. Me acerco corriendo y cierro la puerta dando un fuerte golpe.

- ¡No toques ahí! - le espeto.

- Lo siento, no pretendía molestarte. - se excusa rápidamente levantado las manos.

- Mi ropa está aquí. - digo dándole unos toquecitos a la puerta de al lado.

Asiente despacio y abre la puerta. Pasa unos minutos mirando y se decide por un pantalón estrecho de color negro, con americana a juego. Sigue buscando y rescata del fondo una camisa blanca de cuello mao. Me visto en silencio, notando su miranda posada en mí.

- Estás muy delgada.- dice con tono preocupado. - Y terriblemente pálida.

- Últimamente no salgo mucho. - respondo sin más.

Cuando termino de arreglarme, salimos de casa y nos dirigimos a la de Sarah, que está tres casas más allá. Veo al equipo de preparación salir delante de ella. La han dejado radiante. Sarah se gira y se despide de sus padres. Un carraspeo cercano me saca de mi ensimismamiento. Solem nos hace señas, mientras nos muestra un reloj dorado pendido de su levita verde. Nos dirigimos a los coches, antes de entrar me giro y asiento en dirección a Dora en agradecimiento por lo de antes. El trayecto en coche no dura más de diez minutos. Conforme nos acercamos a la estación vemos más y más gente que viene a despedirnos. Miro por la ventanilla, pero aparto la mirada rápidamente intentando ocultar mi rostro. Una niñita de rizos cobrizos saluda enérgicamente desde los brazos de una mujer rubia, Rose. No la culpo por venir, al fin y al cabo le dije que debía comportarse con total normalidad, pero ver a Ona tan cerca y no poder acercarme y estrecharla entre mis brazos me resulta terriblemente doloroso. Una mano aprieta la mía y alzo la mirada para ver de quién se trata. Sarah, con ese gesto tan insignificante a conseguido que no estalle en lágrimas. Le devuelvo el apretón, mientras meto la otra mano en el bolsillo y me pongo las oscuras gafas de sol que Drew me dio hace ya tanto tiempo.

Durante la gira, apenas cruzo palabras con nadie, a excepción de Sarah, Drew y Solem, aunque menos con este último. Hoy es la última parada antes de regresar a casa. El tren nos deja en la atestada estación del Capitolio. Nos llevan a dar un pequeño recorrido por toda la ciudad antes de conducirnos a la plaza. Durante el discurso del presidente, el último antes de jubilarse, oigo chistar a alguien. Me giro y veo a un hombre de mediana edad que me hace señas para que me acerque. Lo hago y al llegar a su altura me sujeta del brazo y nos escondemos entre las sombras.

- No tengas miedo, soy un amigo. - dice para tranquilizarme.

- ¿Qué quiere? - le pregunto extrañada por la urgencia de su voz.

- Ayudarte, se lo que pasó en el Capitolio los pasados juegos. - frunzo el ceño, pensando en lo ocurrido con River y él, asiente como si supiera lo que pienso.

- ¿Cómo? - pregunto, ahora la urgencia sale de mi boca. - ¿Quién es usted?

-  La resistencia. - susurra mirando en derredor. - Toma. - pone en mi mano una diminuta pastilla amarilla, la miro detenidamente, intentando averiguar que es.

Cuando levanto la mirada para preguntarle, estoy sola en la penumbra. Oigo aplausos y salgo rápidamente de mi escondite y me pongo al lado de Solem, que no se ha dado cuenta de mi ausencia. Una vez terminada la pequeña entrevista, nos conducen a la mansión del presidente. Al entrar compruebo que nada a cambiado desde mi última visita hace cuatro años, aunque a decir verdad, no ha cambiado desde que la pisé por vez primera después de ganar los juegos. Como un poco de todo y apenas me separo de Sarah.

- No creo que quieras hacer eso. - le digo arrebatándole una diminuta copa de entre las manos.

Ella frunce el ceño y le explico lo que ese insignificante líquido transparente es capaz de hacer si se lo bebe. Deja la copa lentamente sobre la mesa de una forma muy cómica, como si en lugar de una copa, estuviera dejando una bomba que podría estallar al menor movimiento brusco. Cuando la copa reposa de nuevo sobre la mesa, se gira para mirarme y se pasa una mano por la frente, como si se secara el sudor.  Las dos nos reímos y no puedo evitar sentirme extraña al oírme reír, hacía mucho que no lo hacia.

- Vaya, veo que estás muy contenta, ¿Ya te has olvidado de tu marinero? - pregunta sonriendo Augustus.

Me giro para mirar su repulsiva cara y nada más posar mi ojos en él, mi mandíbula se tensa y mis manos se convierten en puños. Meto ambas manos en los bolsillos para disimular y noto algo en el derecho. Palpo con la mano y recuerdo la pastillita amarilla. Vuelvo a sonreír, aunque esta vez falsamente y me acerco a él, poso una mano sobre su hombro.

- Quería pedirle disculpas por todo lo que pasó. Estoy muy arrepentida por mi comportamiento. - le digo, intentando que no se note la falsedad en mi voz.

- Tranquila querida, está todo olvidado desde el momento en que puse fin a la vida de ese pobre desgraciado. - dice restándole importancia inocentemente. - Tendrías que estar agradecida de que lo hiciera tan rápido, podría haber jugado con él durante horas, ¡días quizás!

- Lo estoy. - digo retirando mi mano de su hombro y dejando caer por el camino la pastilla en su copa.

- En fin, tengo que dejarte. - se despide. - Sarah, estás preciosa, espero verte más por aquí.

Las dos lo observamos alejarse y entremezclarse con la multitud. Estoy atenta, no lo pierdo de vista, quiero saber para que sirve la pastilla amarilla. Sarah sigue a mi lado, mirando a la muchedumbre.

- ¿Qué le has echado en la copa? - pregunta entre susurros.

- No lo sé, pero pronto lo averiguaremos.

Dos horas después, veo que Augustus sale del salón y se dirige al jardín. Miro a Sarah, pero está ocupada haciéndose fotos con los presentes y aprovecho el momento para irme sin ser vista. Salgo al jardín y lo veo de rodillas, agarrado con un brazo a una maceta enorme que contiene una palmera, hiperventilando. Me ve acercarme y me pide ayuda. Me agacho a su lado y le susurro.

- Esto te enseñará a no jugar con la persona equivocada.

18 comentarios:

  1. Espero que os guste, porque será el último hasta el finde que viene. Empiezo a trabajar y a partir de ahora solo podré poner capítulos los findes, que serán los únicos días que estaré en mi casa. Si puedo, el domingo (10) por la noche intentaré poneros otro capítulo, pero no prometo nada.

    ¡PETONS DE MADUIXA PER TOTES!

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    1. ¡Vale! LOLOLOLOOOOLOLOOO.

      Aaaay, mi ninia que ya empiesa a trabajá y me abandona (menos mal que luego comprará unos billetes para irnos de crucero a Hawaii o unos billetes de avión para Alaska) e.e
      Ya no te torturo más que parezco Augustus...

      :****

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    2. Prefiero Dublín o algún sitio así ya lo sabes.

      Tú no eres como Augustus... ¡ERES PEOR! ¬¬

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  2. ¡Por cierto!

    Este capítulo, va especialmente dedicado a mi Maripower, también conocida cariñosamente como "Dora la exploradora". Se que algún día me dará una colleja por llamarla así, pero no puedo evitarlo, eso sí, desde el mayor de los respetos.

    ¡BIQUIÑOS!

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    1. Palabras textuales de mi señora madre: "Gracias por acordarte de la Exploradora, que le llena de orgullo (y satisfasión, esto lo digo yo mientras tanto) Ha sido un detalle y que vengas a despedirte de ella antes de que se marche de vacaciones, que no vienes casi nada por aquí"
      Biquiños de la Maripower.

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    2. Iré por ella, porque por ti.... ¬¬

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  3. ALUCINANTE!!! Me encanta como escribes!! Es taan... REAL! Adoro que hayas vengado a River, RIVER TE QUEREMOS!!!! Cuando saquen peli de tu historia gritare eso en el cine, igual que grite: TE QUIERO GALE cuando Katniss y Peeta se besan y el pobre de deprime. Bueno, sigue asi porque ME ENCANTAS! Besos desde el norte:)

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    1. Tenía que vengarlo, Mags es demasiado fuerte como para dejar pasar algo así.

      Si sacan peli de mi historia, os pongo una sala privada a todas las que leéis mi blog para que la disfrutéis y la comentéis como merecéis.

      ¡Besos desde mi casa!

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  4. Me encanta drew ^-^
    Y no te preocupes, mientras sigas subiendo capítulos por mí genial :D

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  5. Uff, gran venganza!! Me ha encantaado

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  6. ooh.! q malota..!! jajajp
    venganza destructiba..!!
    muerete cabron..!!!
    jjaajajajp
    me encanta carii.!!

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    1. No soy mala, River lo merecía y Mags también.

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  7. Oiga usted, (carraspeo, carraspeo) Doña Drew (hojeo papeles), creo que se está usted retrasando en sus capítulos. Tal vez sea impresión mía.
    Por favor arregle este malentendido. Digo en nombre de todos sus seguidores que se lo agradeceríamos mucho.
    Besos *3*

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  8. Giro en mi mullido sillón, con aire despreocupado, para ponerme frente al escritorio a la vez que me pongo las gafas que llevo colgadas al cuello por una cuerdecilla dorada, crujo los nudillos y tras un leve carraspeo para aclarar las ideas...

    Estimada señorita Shoppo,

    Mis más sinceras disculpas por mi retraso, como dije con anterioridad, he empezado a trabajar y solo estoy en casa los fines de semana y aunque prometí colgar capítulos los findes, el pasado, me fue del todo imposible porque estuve enferma (realmente enferma, pobreta de mí) durante esta semana he estado trabajando en el nuevo capítulo y en breve estará colgado para su deleite y el de todas mis lectoras.

    Saludos cordiales.

    Drew.

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  9. Sorbo un trago de café mientras acaricio a mi gato, Misifú. Leo tu comentario y niego, riendo.
    Estimada Señorita Drew(supondré que no estás casada):
    Aceptamos, ya que hablo en nombre de todos sus seguidores, las disculpas. Pero rogamos esto no vuelva a suceder. Tenga en cuenta que también pueda tener un LECTOR, así que no dé por hecho que todas sean LECTORAS.
    Saludos y abrazos
    Shoppo

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  10. Cruzo los pies sobre la mesa al tiempo que le ordeno a Sebastian que puede ir preparando la cena, mientras yo ojeo mi correspondencia.

    Mi muy estimada amiga, supone usted bien, sigo soltera.

    Me alegra que acepte mis pesimas disculpas, usted y todos los demás seguidores. Es mi deber darle la razón en cuanto al sexo de mis lectores, no debí dar por hecho tal cosa.

    Atentamente.

    Drew.

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